viernes, 25 de mayo de 2018

La última carta de Villeneuve

 De todos es conocida la mala fama del almirante Villeneuve y su mala relación con Bonaparte, a pesar de que el emperador había sostenido que el almirante era tan sólo un "hombre con suerte" después de abandonar al resto de la flota en el desastre de Aboukir. Esa opinión fue algo que no compartieron sus compañeros de gremio de los que se ganó un profundo odio. Después de la derrota de Trafalgar, él y su buque insignia Bucentaure fueron presa del inglés al igual que muchos otros navíos de la escuadra francesa y española que habían participado en la batalla, y enviados a Inglaterra. Puesto en libertad bajo palabra de que jamás volvería a atentar contra los intereses ingleses, viajó a Francia, dirigiéndose a París a fin de rendir cuentas ante sus superiores. Hizo escala en un sencillo hotel de Rennes, el Patrie, donde escribió una carta destinada a Napoleón.

 El 22 de abril de 1806 se le encontró muerto en su habitación. Según la versión oficial de la policía francesa, se suicidó apuñalándose en el pecho seis veces. No obstante, hay otras posibles soluciones a este desenlace, tales como el asesinato por parte de agentes del régimen napoleónico, ya que la autopsia confirma que las seis puñaladas, cuatro en el pecho y dos en el cuello, habían sido asestadas con mucha fuerza. En todo caso, y aunque parece sospechoso, la carta dirigida a Napoleón, plagada de acusaciones terribles, es una prueba más a favor de la tesis del suicidio. Fue enterrado sin ceremonia oficial y se desconoce la ubicación de su tumba.

 Adjunto a continuación la transcripción de la carta de Villeneuve, cuya fuente he obtenido de la Biblioteca Nacional de España. En su transcripción he procurado ser lo más fiel al original posible, y sólo he sustituido algunos arcaísmos propios de la lengua castellana de inicios del siglo XIX, a fin de facilitar la comprensión del texto. La fuente histórica es impresa y no manuscrita, sin más fecha que la cabecera de la misma, e incluye algunos resaltados en cursiva que he evitado incluir, ya que con toda seguridad el autor de la carta manuscrita no usó cursivas en su escritura, y en el texto son empleadas únicamente para destacar de forma un tanto tendenciosa los insultos y maldiciones que el desaforado almirante dedicaba a Bonaparte.

CARTA DEL ALMIRANTE VILLENEUVE DIRIGIDA A NAPOLEON 1º, EMPERADOR DE LOS FRANCESES, DESPUES DE HABER PERDIDO EL COMBATE NAVAL DE TRAFALGAR, Y ESTANDO PARA DARSE MUERTE. 
Rennes 26 de Abril de 1806.
 Os acordareis, que luego que Latouche (1) murió en Tolón me hallaba entonces nadando en Rochefort, y que rehusé sucederle en el mando, que me ofrecíais. Estaba bien convencido de que cualquiera que se encargase de conducir y comandar la aventurada y mal concebida expedición de las Escuadras Francesa y Española combinadas, quedaría vencido y sin honor, si su desgracia hacía que sobreviviese a una batalla casi inevitable con un enemigo que parecía tener encadenada la victoria. Esas mismas expresiones, fueron aquellas, de que me valí en mi respuesta al Ministro de Marina.
 Apenas, contra mi voluntad, me hice a la vela desde Barcelona a Cádiz, hice solicitud de dimisión del mando, la cual reiteré desde la Martinica, Ferrol y Cádiz.
 Llegó la orden de 24 de Septiembre de volver a Tolón con la escuadra combinada, debiendo nosotros pasar a través de la Inglesa, a la que respondí que obedecía; pero recordé al mismo tiempo al Ministro mis solicitudes anteriores, le hice presente la incertidumbre de los combates navales, y mi firme resolución de renunciar un cargo peligroso, que mis principios, y sobre todo vuestro carácter violento y cruel me hacían poco propio a desempeñar.
 Las desgracias de Trafalgar no deben ser atribuidas a ninguna falta, y menos a la del valor. Mi relación sobre esta batalla no deja ninguna duda sobre aquellos acontecimientos. ¿Por qué razón no ha sido publicada en el Monitor; al paso que mis rivales y enemigos han tenido el privilegio de llenar las hojas de aquel papel de sus calumnias e infamias ultrajantes?
 Cuando mi relación oficial llegó a vuestros (...) en medio de la feliz carrera de vuestra ambición en Alemania, pronunciasteis con vuestra petulancia y ordinaria crueldad; "yo veo que es absolutamente preciso el ejemplo de un Bing (2), para poner en mi marina la victoria a la orden del día." ¿Y después acá no se han repetido mil veces estas expresiones bárbaras, esta sentencia de muerte pronunciada por un usurpador extranjero y feroz contra un Almirante Francés sacrificado a su patria; cuando no se ponía atención alguna a su despacho, del cual jamás se ha oído hablar? ¿Pero cómo hablar? Quizá no se habría leído.
 Él contenía ciertamente algunas verdades severas, que no hubieran añadido ningún lustre a vuestros talentos militares; pero hubieran probado, que aquel cuya ambición e incapacidad causaron en Abukir la destrucción de la marina francesa, había causado igualmente la de esta otra escuadra en Trafalgar.
Me acuerdo, que en mi última conversación con vos, os visteis obligado a confesar con vuestra propia boca; "Que aun cuando Francia llegase a ser la soberana del continente, su poder sería precario, su situación interior incierta, su comercio en inacción o extenuado, su industria sin aumento y su población miserable, mientras no pueda someter la Inglaterra a su voluntad." ¿Qué habéis hecho para remediar estos males, y para conservar los recursos de la Francia? En los cortos años de la tiranía tanto mi patria como sus aliados han perdido más navíos de línea, que cuantos tuvo la marina real durante una grande parte de los largos reinados de Luis XIV y XV. Y si la Francia está condenada a vivir aún más largo tiempo bajo vuestra corona de hierro su marina real se hallará al nivel con la mercantil, y no verá en sus puertos más que naves mercantes y piratas.
 Pero yo quisiera saber; ¿qué ventajas ha sacado mi patria de vuestra fortuna en la guerra? ¿Y qué es lo que los demás pueblos han ganado para su seguridad? ¿Más qué ventajas les puede resultar de un aventurero sanguinario revestido de la púrpura imperial? ¿A su infame prostituta entrar a la parte en el trono, a sus obscuros y viles parientes elevarlos a la dignidad de reyes y de príncipes, y a sus cómplices a la de duques y mariscales?
 Es verdad que habéis atado el brazo a los Franceses; pero no habéis podido escasear, ni cegar su razón, y la presencia de (...) prisioneros austríacos y rusos en Francia no puede menos de recordarles, que un número más grande de sus compatriotas están prisioneros en Inglaterra por un efecto y consecuencia de vuestra ambición. ¿No es preciso, que cuando vean volver estos prisioneros a su país, lloren amargamente la ausencia de sus queridos parientes, que están aun condenados a no verlos en todo el tiempo en que están sujetos a vuestra tiranía?
 Pues ellos saben, que la Inglaterra es demasiado sabia y poderosa, para formar un nuevo tratado "con un hombre más peligroso en paz, que en tiempo de guerra; que conspira contra España bajo la máscara de amigo con más ahínco, que como enemigo declarado; con un hombre, en quien el olivo de la paz se transforma en fasces de discordia; que ofrece continuamente, mientras está en guerra, y no medita, ni maquina más, que destrucción durante la paz."
 Podéis deducir por el estilo en que hablo, que no temo vuestras terribles venganzas, vuestras fortalezas, vuestros tormentos, vuestros envenenadores y vuestros verdugos. ¡Ah! La orden de vuestro ministro "de no aproximarme sin vuestro permiso a la capital," ha retardado vuestro castigo, y ha impedido que el género humano no esté ya a estas horas libre de su azote. Resuelto a no sobrevivir a la humillación de la marina francesa, pensaba vengar mi patria antes de castigarme a mí mismo por haber sido el instrumento de vuestra tiranía, y por haber sacrificado mi honor y mis deberes siendo francés y militar.
 Vuestra existencia es una prueba de las injusticias de una ciega fortuna, que hace permanente la clava de vuestra bárbara tiranía. No obstante, estad bien persuadido de una verdad, que debe confirmar la atrocidad de vuestro crímenes, y es que vuestro fin, así como el de todos los grandes malvados, será terrible y prematuro. El puñal de un asesino, o la cuchilla de un verdugo terminarán una carrera de delitos, que con vergüenza de la humanidad y de nuestro siglo es ya demasiado larga.
 Para que la posteridad, que condenáre una parte de mi vida pública, quede enterada de mi sincero arrepentimiento, y de los sentimientos de patriotismo con que muero, he dirigido copia de esta carta a muchos oficiales franceses en varios destinos de la mar. A pesar de cuanto dicen vuestros aduladores, si vuestra muerte hubiera precedido a la mía, no solo la generación presente, sino las venideras me hubieran proclamado su libertador, construido altares y erigido estatuas a mi memoria. Pero seréis, infame, vos, y vuestra vil parentela precipitados de los tronos que ocupáis con oprobio de la humanidad.
 Tiembla, tirano; tú vives aborrecido en todo el universo. Las maldiciones del género humano te seguirán más allá del sepulcro. = Villeneuve
1.- Latouche de Trailler, antecesor de Villeneuve
2.- El almirante Byng, vencido por Gallisionaire y pasado por las armas en Portsmouth

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por traducir esta carta. Da gusto, aparte del contenido histórico que tiene, leer cómo se las gastaban en el siglo XIX los europeos a la hora de faltarle el respeto al prójimo.

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    1. Gracias Patxi. La verdad es que eran maestros en insultos y maldiciones, en eso hemos perdido bastante creatividad en nuestros tiempos.

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